Una sonrisa de la vida

copia_de_logo3De esto que cuento hace ya algún tiempo.      Era viernes de un mes de julio ya pasado el mediodía y, por Dios Santo, cómo apretaba el calor.   Ya me había despedido, hacía unos minutos, de Antonio Toledo, un buen cliente,  y muy buena gente, que se dice, y con el que terminaba de perfilar esos pequeños detalles; esos flecos sueltos en las condiciones de aquella operación, ventajosa siempre para ambas partes, como debe ser y mandan los cánones, y que ambos estábamos deseando cerrar; más creo yo por el calor que por los desacuerdos que hubieran podido haber.  Y ya, al fin, tras las aclaraciones pertinentes, las firmas correspondientes y la visita al bar de turno; el último refresco para combatir el calor, las últimas risas y un apretón de manos, terminando el cierre de una operación llevada a buen término.

Acababa de arrancar el coche y poner el aire acondicionado a tope, pretendiendo paliar los sufrimientos producidos por aquellas temperaturas y humedades, por otra parte, propias de aquellas fechas.  La verdad es que estaba cansado y en estado algo más que quejumbroso.

Ya en ruta, de vuelta a casa, y cuando comenzaba a sentir los alivios del frescor del aparato del aire, sonó el teléfono móvil. “¡Vaya!, el jefe!” y yo, de forma muy prudente al ir conduciendo sin el manos libres activo, opté por parar y devolverle la llamada con prontitud que el jefe siempre es el jefe. “¿Nos podemos ver esta tarde?” preguntó.  “Por supuesto” asentí.

Y aquella tarde alguien creyó en mí.  “¿Te interesaría…?  Sé que vas a estar desplazado un tiempo pero… Creo que te conviene… Venga piénsatelo y el lunes me contestas”.  Puedo asegurar que antes de salir de la reunión ya lo tenía pensado y decidido pero… mejor esperar al lunes.

Y así por fin me convertí en gerente de una unidad de negocio en mi empresa.  Me llegó; a los cuarenta, pero me llegó.  Al fin alguien creyó en mí.

Y si cuento esta historia es, principalmente pos dos motivos, a saber.

En primer lugar la cuento porque creo en el valor del trabajo como medio de crecimiento y desarrollo de la persona y de su entorno; porque creo en el valor del esfuerzo de cada día; en ese esfuerzo que aparenta que nadie ve pero que es real y está; porque creo en el valor de las personas y en las personas que creen en ese valor.

Con toda seguridad yo no sería el mayor merecedor de ese puesto, aunque reconozcamos que “currado” lo tenía, pero, cuando admito que yo mismo ya dudaba y pensaba que “ya no”, alguien creyó en mí.  Y me llegó; a los cuarenta, pero me llegó.

Y lo cuento igualmente, en el lugar siguiente, porque es una experiencia al fin y las experiencias valen para lo que valen, aprender del acierto tanto como del error, y así, siendo lo que es, si alguien puede sacar algún provecho de esta historia pues igual me cuenta como la buena obra del día.

La vida no es siempre justa.   Tal vez lo sea rara vez pero si tú ayudas poniendo un mucho de todo eso que hemos creído antes, un mucho de ti y un algo también de fe, a veces aparece ese alguien que cree en ti. ¿Y por qué no?

Hoy mi vida es otra.  Sin engañar a nadie, sigo teniendo problemas, tal vez más, bastantes más.  He tenido que pagar algún precio por estar donde estoy.  Seguro; nada es gratis.  Pero hoy mi vida es otra porque la veo con otro mirar.

La vida no es siempre justa pero alguna vez, rara vez pero alguna, te ofrece una sonrisa, tímida, pero sonrisa al fin.  Eso sí, preparémonos a conciencia para, en su momento, cuando toque, saber devolverle el cumplido.

2 comentarios

  1. Querido amigo:

    Ante todo disculpe por el atrevimiento, por lo de querido amigo, tras leer su presentación y este post, así es como le veo.

    He llegado a su blog de la forma más insólita, pero aquí estoy, y muy contenta por haber llegado a él, la red es muy grande y, una, no encuentra todos los días gente tan especial.

    Mi más sincera enhorabuena por esa gran sonrisa que le acaba de regalar la vida, estoy segura que el mérito es suyo y que es merecedor de ella.

    Dispongo de poco tiempo, pero voleré a su blog y le contaré experiencias mías.

    Un cordial saludo

  2. Hola meri,

    ¿Que la disculpe me pide? Por Dios, si para mí ha sido un placer; no todos los días tiene uno la oportunidad de ampliar el número de personas que le consideren amigo.

    Le doy gracias sinceras por sus palabras reflejadas en el comentario.

    Me alegra de corazón que le haya gustado este pequeño rincón perdido en la red y más me alegrará si decide volver y contar, como usted dice, sus experiencias.

    Si, como parece, ha leído mi presentación, de eso, al fin, es de lo que se trata, de compartir y así aprender compartiendo.

    La espero por aquí cuando guste.

    Gracias de nuevo amiga meri.


RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario