Mucho se ha hablado ya, y muchas opiniones se han vertido, tras la cumbre del G-20, “y pico”, (que hay que contar a los agregados de última hora, siempre, claro, gracias a la generosidad del señor Sarkozy) desarrollada el pasado fin de semana en Washington.
Ya los expertos analistas económicos se han encargado de estudiar en profundidad la conveniencia de tal cumbre y la oportunidad de lo expuesto y acordado en la misma, siendo lo más exitoso, por lo que significa en sí el paso dado, la reunión en sí misma; una crisis mundial tratada de forma global, esto es, al fin, destancando el continente, los países asistente, sobr el contenido, las medidas a tomar.
Qué podría decir el que suscribe que ya no se haya dicho por quien mucho más sabe de todo este asunto. Sería presuntuoso por mi parte y, por otro lado, tampoco es lo que me más me preocupa, en cuanto a nuestra economía presente y, también incluso, la futura, lo acordado en Washington, por cierto, en tan solo unas escasas horas, sobre una crisis tan grave como la que más en la historia de la economía mundial.
Y dado el poco interés demostrado por tan alto acontecimiento económico mundial, por qué hablar de ello entonces. Entiéndaseme.
A las 8:15 de esta mañana, aproximadamente, vamos, estaba en el bar de siempre, en el de mi amigo Antonio, tomando mi café solo, largo y bien cargado, desayunándome con la prensa, ABC en concreto, y con la noticia “El Banco de España pide que no se apure al límite el déficit porque la crisis puede ir a peor”. Lo normal con la que está cayendo, pues no hay mañana que no nos despertemos con una noticia, de esas “agradables” como la susodicha.
Antonio, el propietario del negocio, entre los apenas cuatro o cinco clientes que nos encontrábamos en aquel momento en su local, despotricaba airadamente de nuestra situación económica quejándose de que había tenido que llegar a obtar por tomar la medida de deshacerse de los proveedores habituales, esos de toda la vida, de tal forma que se veía en la necesidad de realizar sus compras al día con el fin de evitarse los stocks “comprando lo justito porque lo justito es lo que saco del cajón cada noche” decía.
Y ahí está el asunto. En la Cumbre del G-20 los protagonistas han sido los políticos más que la debacle económica
mundial; buenas intenciones sin concreciones finales. Su discusión, la de los políticos, se ha basado, siempre bajo la búsqueda del protagonismo y oportunismo político, en el interés y la necesidad de un mayor o menor intervencionismo del estado, o lo que es lo mismo, más socialdemocracia o más liberalismo, o lo que es lo mismo, ansia de cuota de poder. Así Bush, al comienzo del acontecimiento, aún tuvo que poner freno a los intervencionistas en una última muestra de notoriedad política (reconociendo, por mi parte, que nunca pensé que diría algo así sobre esta figura).
Pero había que estar allí. Y los hemos visto pavoneándose entre flases como grandes estrellas. Y es que ellos han sido los grandes triunfadores; Sarkozy ha sabido convertir su momento como presidente de la UE en el mejor de su carrera política hasta el punto que hoy Europa es Francia; Gordon Brown al que, los más pesimistas, o interesados tal vez, daban como políticamente enterrado, ha reaccionado de tal forma que se ha convertido en el modelo a seguir en Europa y, hasta nuestro mismísimo Zapatero ha conseguido su ansiada foto, la que nunca pensábamos que veríamos y que perfectamente podría enviar enmarcada en plata a la C/Génova como muestra del trofeo conquistado.
Pero había que estar allí. Había que salir en la foto, costase lo que costase. Y los hemos visto arrogantes pues, al fin, ellos, los políticos, van a ser nuestros salvadores y nosotros siempre les deberemos pleitesía. Por estas tierras ya se cantan las proezas de don José Luís Rodríguez ZP como nuevo conquistador de las lejanas Américas. Y nadie parece darse cuenta que, y cito post en Voto en Blanco, “para salir de la crisis, el único camino es reforzar la democracia y el protagonismo del ciudadano, pero esa solución no puede salir de unos políticos ávidos de poder que en el fondo de sus mentes desprecian al ciudadano y solo pretenden sojuzgarlo” .
En el caso de nuestros políticos, los de aquí, los de esta tierra, que al fin son los que conozco, de verdad que a veces me pregunto qué es mayor, su codicia, su instinto depredador, o acaso su ineptitud; en todo caso, como bien decía Pérez-Reverte en diciembre de 2007: “Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado”.
Llamé de nuevo a Antonio y le pedí un segundo café, me acerqué un poco a él y le dije “aviados estamos Antonio, aviados estamos”.
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